Soltar no siempre significa dejar de sentir. A veces significa aceptar que algo nos hizo daño y decidir que ya no queremos seguir viviendo de la misma manera. Puede ser una relación, una situación, una culpa, una expectativa o incluso una versión de nosotras mismas que aprendimos a construir para sobrevivir.
Cuando hemos vivido una relación difícil, podemos acostumbrarnos al dolor. Lo que al principio parecía extraño puede convertirse en parte de nuestra rutina. Aprendemos a caminar con cuidado, a pensar antes de hablar y a evitar ciertas conversaciones para no provocar conflictos. Con el tiempo, podemos llegar a confundir tranquilidad con ausencia de problemas, cuando en realidad merecemos sentirnos seguras y respetadas.
Soltar requiere reconocer lo que sentimos sin juzgarnos.
No tienes que preguntarte por qué permitiste ciertas cosas para poder avanzar. Es más útil preguntarte qué necesitas ahora. El pasado puede enseñarte, pero no tiene que castigarte para siempre.
Una de las partes más difíciles de soltar es aceptar que no podemos cambiar a otra persona. Podemos explicar lo que sentimos, establecer límites y decidir qué queremos aceptar en nuestra vida, pero cada persona es responsable de sus propias decisiones.
Aceptar esto puede doler, pero también puede traer libertad.
Cuando dejas de intentar controlar lo que otra persona hace, puedes comenzar a recuperar la energía que necesitas para cuidar de ti. Puedes comenzar a pensar en tus propios proyectos, tus amistades, tus sueños y en la vida que quieres construir.
También es normal tener días buenos y días difíciles. Sanar no es un camino perfectamente ordenado. Habrá momentos en los que sentirás que avanzaste muchísimo y otros en los que una memoria, una canción o una fecha especial despertará emociones que creías superadas.
Eso no significa que hayas vuelto al principio.
Significa que eres humana.
Darte tiempo es parte del proceso. Hablar con alguien de confianza, escribir lo que sientes, buscar apoyo profesional cuando lo necesites y rodearte de personas que respeten tus límites puede ayudarte a atravesar este proceso con mayor claridad.
Soltar tampoco significa negar los buenos momentos que pudieron existir. Puedes reconocer que hubo momentos importantes y, al mismo tiempo, aceptar que una relación o situación ya no es saludable para ti.
Puedes agradecer lo aprendido sin regresar a donde sufriste.
Puedes cerrar una puerta sin odiar a la persona que quedó al otro lado.
Y puedes comenzar nuevamente sin tener todo resuelto.
Tu paz no tiene que ser perfecta para ser real. Cada límite que estableces, cada decisión que tomas pensando en tu bienestar y cada pequeño paso hacia una vida más libre cuenta.
A veces, soltar no es perder.
A veces, soltar es finalmente volver a encontrarte.


